Prensa y Referencias

Aquí encontrará referencias a Carmen Palop y su obra. De la misma manera, usted puede ver las apariciones de la artista en la prensa a través de este mismo enlace.

Duende y silencio

Suerte negra, suerte perra
la suerte de la mujé,
que lo qu ́el arma le píe
se lo prohibre el debé!
(Popular)

A fuego y sangre, como se graba el cante en los surcos del alma, se esculpen también las palabras que el viento extravió en la noche de los tiempos. Cantes primigenios, ritmos perdidos, voces rotas en las que latía, pura, la llama de un tiempo y de un país. También una manera de ser mujer.

Sepultadas en tiempo y olvido, perdidas en viejas postales, macilentas portadas de revista, en medio de guerras e insidia, la suya fue la estampa costumbrista de un modo único de adueñarse del mundo: el de su arte. Fulgor y misterio, quejío y osadía. Sus semblantes, sus miradas y, sobre todo, su silencio, el rotundo silencio de las mujeres flamencas. Cantaoras, bailaoras, cupletistas, artistas célebres o anónimas, pioneras, fundadoras, ancestrales.

La Golondrina, la Trini, la Macarrona, la Cuenca… artistas que dejaron su impronta en la leyenda del flamenco. Y a la sombra de su rastro, las innumerables mujeres que brillaron con luz propia en la gris intra- historia de los tablaos, las plazas, los hoteles y tabernas. Unas y otras, en feliz revoltijo, se nos muestran hoy recobradas bajo la primorosa luz del lienzo.

Antes, mucho antes, asaltaron la mirada de Carmen Palop, la mujer y la artista. Siguiendo la estela de aquel quejío insondable, ella ha surcado la noche y el sueño para ofrecernos, junto a su arte, la memoria de estas bravas mujeres.

Sororidad es la palabra que anuncia el trato; Duende y silencio el título de una muestra única, exqui- sitamente trazada, llena de contenido – o, como hoy dicen algunos, de “mensaje”- pero es, sobre todo, un nuevo ejemplo de la extrema sensibilidad de una artista, Carmen Palop, que reverencia y contagia la pasión de ser mujer, dueña por derecho del canto, del cántaro y del cantar.

Daniel CASADO
Escritor

 


Carmen Palop nos brinda la oportunidad de admirar la fuerza y adentrarnos en el buen dibujo; de sentir y poder formar parte de su obra a través de la energía que ésta desprende. Cuando nos enfrentamos cara a cara con Antonia la Gamba, con La Golondrina, con Rocío, recuerdo a muchas mujeres con las que compartí mi infancia; mujeres valientes, sufridoras de las adversidades de una sociedad, que eran relegadas a un segundo plano.

Acertado es el título de esta maravillosa exposición: Duende y silencio. Federico García Lorca, en su conferencia «Teoría del juego y el duende», contaba lo que un maestro de la guitarra le dijo: «El duende no está en la garganta; el duende sube por dentro desde la planta de los pies. Es decir, no es cuestión de facultad, sino de verdadero estilo vivo; es decir, de sangre; es decir, de viejísima cultura, de creación en acto».

La llegada del duende es magia, sentir, es esa fuerza que sale del alma. El silencio, por su parte, supone la ausencia de ruido, del grito, del habla, de la visibilidad. Durante muchos años las mujeres hemos vivido en ese silencio de nuestras casas, cuando en nuestro fuero más interno crecía ese sentir, ese deseo de romper, con duende, los muros de esas paredes. Por ello Carmen Palop nos coloca con sus obras frente a mujeres inconformistas con el presente, deseosas de cambiar el mundo en el que viven.

Es cierto que las mujeres que fuimos ayer están lejos de las mujeres que somos hoy, pero, aun así, todavía afrontamos la tesitura de elegir entre el camino de adaptarnos al silencio o asumir las necesidades que el progreso requiere para liderar los cambios y contribuir a la aceptación de éstos desde el diálogo y el consenso. Es, qué duda cabe, la esencia misma de la democracia.

Blanca MARTÍN DELGADO
Presidenta de la Asamblea de Extremadura


La obra de Carmen Palop se construye a partir de cuatro fuertes presencias: la forma dibujada, el dibujo-dibujo; el signo gráfico; el hacer y el gesto pictóricos, la pintura-pintura; lo iconográfico, con dos referentes: el barroco español y la actual cultura popular. Cuatro valores que en ella son fundamentales y nada casuales por su personalidad, origen y educación artística.

Carmen es una gran dibujante. Tiene destreza y una formación muy sólida en el buen dibujo, cosa rara en nuestros tiempos y que agradecemos. Le gusta dibujar. Cree en ello, en la construcción firme de la figura a través del trazo que amara y perfila la forma, y en el estudio de la luz, en el modelado del claroscuro.

Es el suyo un dibujo contemporáneo de factura clásica. Nos remite no tanto al naturalismo material del XVII o al academicismo del XIX, sino a un realismo que, sin prescindir de la mímesis, resulta más irreal, más intelectual: el de las iluminaciones lunares y las puntas de plata del XVI. Y ello incluso cuando la imagen representada –casi siempre figuras humanas o animales– es una transferencia al soporte de un original reprográfico o una impresión digital de fotografía.

Aún aquí, Carmen sigue dibujando de igual modo. Y para mayor contundencia, ese dibujo de cosas y seres físicos se hace acompañar de signos gráficos en un repertorio propio de símbolos: flechas que apuntan hacia un lugar dentro o fuera del cuadro, líneas recortadas en zigzag, trayectos que dibujan formas cuadrangulares enroscadas sobre sí mismas…, casi siempre signos direccionales que serpentean junto a los personajes impresos o dibujados. Qué fuerte es el peso de lo simbólico en esta artista.

Todos estos elementos se organizan en composiciones abiertas sobre fondos a primera vista planos, carentes de referentes paisajísticos o arquitectónicos. Parecen paños murales construidos a base de pintura ya empastada, ya velada y por capas, sobre el lienzo. Pese a tal bidimensionalidad y por el preciso

tratamiento del color y la materia pictórica, no se nos exime de la profundidad y la luz. Se generan así espacios atmosféricos más o menos densos según las zonas, vacíos a veces etéreos, a veces opacos, que envuelven las figuras dibujadas, estableciéndose relaciones fondo-figura similares a las de los iconos ortodoxos o los murales bizantinos.

Aun así, Carmen tienen los pies algo más en la tierra, no es tan celeste; es más sevillana (desde un punto de vista artístico y refiriéndome a la tradición barroca como antes he señalado).

Y, por ello, por lo construido y lo vacío, los huecos en las composiciones de esta artista son fundamentales: figuras tan dibujadas y con tanta fuerza simbólica tienen que respirar.

A menudo sus obras me recuerdan pinturas al fresco, fragmentos de murales. Creo que Carmen es una muralista vocacional, de andamio, bóveda, carbón y pigmentos al agua sobre aparejo húmedo pintado por zonas cada día. Trozos de obras mayores, inconclusas o perdidas, donde comparecen el preciosismo en el detalle con el primer esbozo, incluso con el borrón y el arrepentimiento. Hay zonas bien preservadas y otras caídas, como desconchones. En ellas se agarra la materia terrosa y el tachismo a golpe de pincel restregado –otra seña de identidad plástica de Carmen– en un ejercicio de ida y vuelta, que lleva a la artista de aquel hacer en el dibujo a la pintura-pintura. Aquí Carmen es más pintora, más expresionista abstracta. Todo en ella coexiste: es informalista matérica, es muralista paciente, es dibujante rigurosa.

De un modo u otro, Carmen siempre termina representando lo irreal en lo mundano, que además es consustancial a su modo de vida y de percibir y sentir el entorno. Seres mitológicos con pies de barro, luchadores como héroes épicos, carneros degollados, santos mártires, mujeres trágicas.

Francisco TORREGO GRAÑA
Doctor en Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid


Último Round

ANGELES IN VERSUS por Lauro Acevedo

El tema central de esta muestra es la animación, el movimiento o los momentos registrados dentro de la vivencia de una pelea de box, los personajes, los elementos fundamentales actantes, dos, como lo marca el boxeo, los contrincantes en una pelea.

Sin embargo, las imágenes presentadas en los cuadros conllevan otros efectos sicológicos que se pueden traducir, como la angustia, la tension,el sentimiento del instante solitario del golpe,la disposicion al ataque, la conmocción del dolor; he aqyuí lo singular: hay en los peleadores una sola impresión de tristeza, de solitud, de desolación, sólo protegida por por los bien cuidados recuadros de las obras que parecen querer dar cierta seguridad a los actantes-personajes-secuenciadores de la lucha; además, la simbolización de los tiempos numéricos que acompañados de una búsqueda simbólica, parecen ser expresiones de un público que no aparece. Pertenecen a las luchas boxísticas en su numeral de rounds, de aguante, de resistencia en el cuadriláteroespacio bien tomado en cuenta en la secuencia del boxeo, como única espacialidad del juego, como única topología del triunfo posible y el consecuente despliegue de la derrota.

Existe en la secuencia cinetico-fotográfica de la exposición una cierta despersonalización de los actores para situarlos al borde de iconos de la angustia existencial, como si todos tuviesen un solo rostro, el rostro del impacto dentro de la lucha, el rostro de perder la figura, el rostro de la derrota de la forma, que, de humana, termina convirtiendose en la nostalgia de la redondez muscular del rostro.

Regresando de allí, de la imaginería en la abstracción pictórica, podríamosdecir que los boxeadores se convierten en ciertos ángeles que han invertido sus alas para usarlas como elementos del triunfo del vuelo, añorando la vistoria física en el cuadrilátero de la existencia.

Angeles inversos, angeles in versus, ángeles en contra, con sus anchas espaldas ajenas a las alas.

Alas convertidas en lances de muerte, ante un adversario igual de ávido por la victoria.


El leitmotiv de la colección que se presenta -Boxeadores- no es apenas un tema: es para Carmen Palop el soporte que utiliza para explorar / transmitir la expresividad de los rostros y de los cuerpos bajo condiciones extremas.

Asimismo, a estas condiciones está indisolublemente asociado el instante de la explosión de intensidad donde el tiempo (del personaje) se transforma, dilatandose.

Desde el punto de vista del observador, las expresiones congeladas de los rostros y las superficies envejecidas le presentan un tiempo cristalizado, aunque sólo en apariencia. la acción sigue transcurriendo en su interior, dándonos la oportunidad de penetrar y vivir las mismas sensaciones de intensidad y de cambio de percepción temporal.

– Felix Arellano